El día de San Martín

martes, noviembre 16, 2004

Tecnócratas de Pacotilla

Eran las 15:30 horas de un frío día de noviembre cuando volvía a casa en el autobús urbano tras una aburrida jornada de trabajo. En el transcurso de esos viajes se produce una enconada lucha interna entre tres facciones de mi cuerpo: el estómago ruge con fuerza ante la necesidad de llevar algo sólido a su regazo, los ojos fuerzan la máquina para cerrarse fruto de un madrugón excesivo, y el cerebro se cierra en banda bajo la bandera del "No escuches, no pienses, no hagas nada".

Pero aquel día fue especial. Los oídos saltaron al fragor de la batalla como un espontáneo hace lo propio con un Miura de 500 kilos. Y salieron ganadores. Normalmente muy activos a primera hora de la mañana, a esas horas de la tarde (para el resto de los mortales, aunque siga siendo mañana para mí) han tirado la toalla y han decidido no seguir con la lucha reservándose para primera hora del día siguiente.

Un estímulo sonoro los activó. En un autobús repleto de gente, pero con un silencio sepulcral, dos chicos jóvenes hablaban sobre los problemas ocurridos 4 años atrás en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, y hacían especial hincapié en que la existencia un informático habría solucionado de un plumazo cualquier recuento dudoso sobre los votos finales.

Mi estómago se calló (luego, esa misma tarde, recuperó el tiempo perdido regodeándose de sonoro placer en el silencio de una biblioteca, pero eso es otra historia), mis ojos desistieron en cerrarse, y mi cerebro se dedicó a recopilar la información ofrecida por mis oídos. Eso sí que es trabajo en equipo, y no lo que hacen los galácticos del Real Madrid.

La conversación de los dos jovenzuelos me hizo recordar un término que acuñé hace algunos años: la del tecnócrata de pacotilla. Un tecnócrata de pacotilla es, ante todo, un tecnócrata a secas: su acción se mueve impulsada por sus conocimientos técnicos. Busca, ante todo, la solución a sus problemas no por su ideología, sentido común, competencia, o buen hacer, sino por su experiencia obtenida única y exclusivamente en su formación técnica. Un tecnócrata intentará aplicar sus conocimientos técnicos en la resolución de cuestiones que poco o nada tienen que ver con ellos.

Hasta ahí todo normal. La diferencia viene en el de pacotilla que tiene como coletilla (mira, un pareado). Los tecnócratas de pacotilla intentan resolver esas cuestiones con la técnica en una mano, y con el desprecio de otras disciplinas en la otra. Para los chavales que en el autobús hablaban sobre la victoria de Bush en Florida la solución a todos esos problemas era tan simple como poner a un informático al frente del sistema electoral del país más poderoso del mundo. Casi nada. No valía un experto en derecho o en ciencias politicas, un sociólogo, o incluso un demógrafo que pudieran trabajar junto al informático para buscar la solución a ese problema.

Generalmente, los tecnócratas de pacotilla suelen ser universitarios, o ya con una titulación media/alta, y más concretamente, titulados de alguna carrera de ciencias. Por supuesto esto es una generalización excesiva. De hecho, el primer tecnócrata de pacotilla que me encontré fue un profesor de Geografía que me dio clases en la Universidad: frente a los problemas que por aquellos años estaban azotando Ruanda, la solución de este buen hombre consistía en invertir en fábricas en ese país. Y ya está. No importaba para nada la tremenda presión demográfica que se ejercía sobre el suelo en esa zona, las fronteras dibujadas con escuadra y cartabón por los antiguos colonizadores, las rivalidades milenarias entre las distintas etnias, la inestabilidad política de la región, o la explotación de los recursos naturales de la nación por manos extranjeras. Lo único que importaba era meter industrias en ese país.

En Barrapunto hay una enorme variedad de tecnócratas de pacotilla. Leo a menudo ese portal (que me perdone algún tecnócrata de esos si Barrapunto no es un portal propiamente dicho) y me encuentro con gente que soluciona el atraso en las comunicaciones poniendo a un ingeniero en el Ministerio de Ciencia y Tecnología (por cierto, ¿sigue existiendo tal ministerio?), o exigiendo a los jueces que sepan tanta informática como un ingenierio superior, o (y esta es la buena) solucionando la inmigración instalando software libre en todos los ordenadores del Magreb.

Pero lo curioso es que en ocasiones se hacen hasta entrañables. En una de las listas de correo a las que estoy apuntado hay un tecnócrata de pacotilla que resulta la mar de simpático. El otro día comentó que para evitar que la gente cayera en los fraudes de adivinos, echadores de cartas, y demás calaña, la solución estaba en usar Linux en todos los ordenadores. Y para fundamentar su teoría, se dedicó a poner en el mensaje una ristra de símbolos raros como gcc, lib, o dev/usr cuyo significado todavía desconozco. ¿No es adorable?

jueves, noviembre 11, 2004

El día de San Martín

Mi primer mensaje en el blog. No tengo ni idea de cómo acabaré. Quizá acabe harto, quizá me guste. He pensado muchas cosas que podría poner en el blog, pero ninguna es la más acertada para poner como primer mensaje.

¿Qué nombre poner a este blog? ¿Cómo llamarlo? Hace muchos años, cuando las familias constaban de un porrón de hijos, los padres ponían siempre el nombre del Santo de turno del día del nacimiento del hijo. Si ese día era San Higinio, zas, le cascaban Higinio a la pobre criatura. En la actualidad al pobre chaval le habrían causado un trauma (imaginaros en el recreo del cole el cachondeo padre con el nombrecito), pero en aquella época era habitual encontrarse con más Higinios, Leocadias, Ataúlfos, y Enriquetas.

Este blog va a ser como mi hijo. Y como tal, le he puesto el nombre del Santo de turno. Hoy, 11 de noviembre, es San Martín de Tours. No tengo ni la más remota idea de quién fue este santo (otro santo, San Google, me puede ayudar en mis pesquisas). Le he quitado el apellido de "Tours" por el orgullo patrio y blah, blah, blah. Vamos, que era demasiado largo llamar al blog El día de San Martín de Tours.

Así, pues, queda bautizad... digooo... inaugurado, el blog de El día de San Martín.